Llevar la cuenta de los pasos se ha convertido en una práctica común entre quienes buscan mejorar su bienestar. Sin embargo, una de las dudas más frecuentes es cuántos pasos son realmente necesarios y si la forma de caminar influye en los resultados.
Para la entrenadora personal en fisioterapia y medicina deportiva del Mayo Clinic Health System, Mackenzie Long, lo más importante no es el tipo de dispositivo, sino usar alguno que permita medir el movimiento diario. “Ya sea con el celular, un reloj inteligente o un podómetro, todos ofrecen una referencia útil sobre cuánta actividad física se realiza”, explica.
Muchos de estos aparatos incluyen recordatorios y metas personalizadas, una herramienta clave para cumplir con la recomendación básica: acumular al menos 150 minutos de actividad física por semana.
Beneficios comprobados de caminar
Incorporar caminatas a la rutina diaria puede ayudar a:
Mantener controlada la presión arterial.
Favorecer la pérdida o el mantenimiento del peso.
Mejorar el equilibrio, la coordinación y la fuerza del abdomen.
Reducir el estrés y elevar el estado de ánimo gracias a la liberación de endorfinas.
Regular los niveles de azúcar en sangre.
Disminuir el riesgo de infartos y de desarrollar diabetes tipo 2.
Preservar la fortaleza física y la autonomía con el paso de los años.
Además, estudios recientes asocian el hábito de caminar con mejor calidad del sueño, menor deterioro cognitivo, reducción del riesgo de demencia y de ciertos tipos de cáncer, así como con una mayor esperanza de vida.
¿Existe un número ideal de pasos?
Según Long, no hay una cifra mágica. Aunque llegar a 10,000 pasos diarios es una meta positiva, las investigaciones indican que la mayor reducción del riesgo de muerte prematura ocurre entre los 4,000 y 8,000 pasos. A partir de ahí, los beneficios continúan, pero de manera más gradual.
Cada paso cuenta
No importa si los pasos se logran paseando al perro, caminando dentro de casa, trabajando en el jardín o realizando una caminata continua de 30 minutos. El impacto es acumulativo a lo largo del día.
La especialista recomienda empezar poco a poco y escuchar al cuerpo. Algunas ideas sencillas para moverse más incluyen estacionar el vehículo más lejos, caminar mientras se espera que termine el microondas o hacer varios viajes al cargar bolsas en lugar de llevar todo de una vez.
¿Qué es caminar “a buen ritmo”?
Para Long, una caminata vigorosa varía según cada persona, pero suele ubicarse entre 4.8 y 5.6 kilómetros por hora. Una forma práctica de saber si se va al ritmo adecuado es la llamada prueba del habla: si se puede hablar, pero no mantener una conversación fluida sin esfuerzo, se está en la intensidad correcta.
“Incluso unos minutos diarios marcan la diferencia”, afirma la experta. “El cuerpo responde al movimiento, por pequeño que sea, y esos cambios se reflejan en la salud física y mental”.
Caminar, al final, sigue siendo uno de los ejercicios más simples, accesibles y efectivos para mejorar la calidad de vida.
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