La salud cardiovascular se ha convertido en un tema prioritario a medida que los tratamientos contra el cáncer logran mayores tasas de supervivencia. Con más pacientes superando la enfermedad o entrando en remisión, crece la atención sobre los efectos secundarios que pueden afectar órganos vitales como el corazón, explicó Joerg Herrmann, cardiólogo y director de la Clínica de Cardio-Oncología de la Mayo Clinic.
El especialista en Salud señaló que, además de los daños directos provocados por algunos tratamientos oncológicos, existe una relación más amplia entre el cáncer y las enfermedades cardiovasculares, lo que ha llevado a la comunidad médica a reforzar las estrategias de prevención, diagnóstico temprano y control de riesgos.
Red de factores de riesgo compartidos
Herrmann indicó que tanto el cáncer como las afecciones cardíacas comparten factores de riesgo relacionados con el estilo de vida. Entre ellos se encuentran el tabaquismo, el sedentarismo, el sobrepeso y una alimentación poco saludable.
“Algunos hábitos aumentan simultáneamente la probabilidad de desarrollar cáncer y enfermedades del corazón. Fumar, por ejemplo, eleva el riesgo de tumores y también de infartos y trastornos vasculares”, explicó el médico.
Mantener un peso adecuado, reducir el consumo de alcohol, dormir lo suficiente y llevar una dieta rica en frutas y vegetales son medidas que contribuyen a disminuir ambas amenazas y tener mejor Salud. A esto se suma la actividad física regular, que ayuda a proteger el corazón durante los tratamientos oncológicos y reduce la posibilidad de recaídas.
Salud y vínculo entre cáncer y corazón
El especialista precisó que la relación entre ambas enfermedades es bidireccional. El cáncer puede afectar al sistema cardiovascular aun sin tratamiento, y las personas con problemas cardíacos presentan mayor riesgo de desarrollar cáncer.
Durante la terapia oncológica, los equipos médicos pueden aplicar diversas estrategias para disminuir el impacto en el corazón, como el uso de terapias dirigidas, la programación escalonada de ciertos fármacos, la administración de medicamentos cardioprotectores y técnicas avanzadas de radioterapia que evitan dañar tejidos sanos.
Innovación tecnológica para la prevención
Herrmann destacó que la inteligencia artificial y los dispositivos portátiles representan avances prometedores para anticipar y vigilar posibles daños cardíacos. La investigación actual busca identificar, antes de iniciar un tratamiento, qué pacientes tienen mayor riesgo de sufrir complicaciones cardiovasculares.
También se desarrollan terapias para reparar el daño causado por la quimioterapia y sistemas de monitoreo más accesibles que permitan detectar alteraciones en fases tempranas. Estudios recientes han demostrado que la inteligencia artificial aplicada a pruebas como el electrocardiograma puede identificar signos de deterioro cardíaco de forma anticipada.
El uso de dispositivos portátiles podría alertar tanto a los sobrevivientes de cáncer como a sus médicos sobre cambios anormales en la función del corazón, sin necesidad de realizar pruebas complejas de manera constante.
“El campo de la cardio-oncología ha avanzado de manera significativa. Hoy sabemos mucho mejor cómo manejar los riesgos cardíacos asociados al tratamiento del cáncer, y los pacientes cuentan con mejores perspectivas que hace una década”, concluyó el especialista.
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